sábado, 17 de diciembre de 2016

Varices

La insuficiencia venosa crónica, también conocida como varices o venas varicosas, son venas hinchadas a causa de una acumulación anormal de sangre debido a la debilidad, a menudo heredada, en las paredes y válvulas de las venas superficiales. Esto hace que las venas se ensanchen y se dilaten, de manera que la sangre se acumula fácilmente cuando una persona permanece de pie durante mucho tiempo.

“Cuando la vena se dilata no cumple su función. Éstas se encargan de realizar el retorno sanguíneo al corazón y eso implica que el flujo tenga que ir contra la gravedad: desde el pie hacia el corazón”, explica a DMedicina Andrés García León, director del área de Cirugía Vascular en el Hospital Universitario Virgen de Valme (Sevilla) y miembro de la Sociedad Andaluza de Angiología y Cirugía Vascular. “Las venas tienen unas válvulas que impiden el retorno de ese flujo sanguíneo hacia el pie y facilitan la subida. Sin embargo, si la vena está dilatada, las válvulas no cumplen su función y el flujo se invierte, lo cual provoca que aumente la dilatación y se produzcan problemas como edemas, hinchazón de la pierna o, en fases más avanzadas, úlceras o flebitis (trombosis de una variz), entre otras.

Esta patología es mucho más frecuente en la mujer. La aparición de las varices es hasta cinco más frecuente en ellas que en los hombres. Se da habitualmente en las venas de las piernas, sin embargo, también pueden afectar al esófago, la región anal o los testículos.

Causas
Entre las principales causas de la aparición de varices destacan tres.

En primer lugar, y si se trata de varices primarias, están las válvulas congénitamente defectuosas. Las válvulas son responsables de hacer circular la sangre hacia el corazón, por lo que si no funcionan correctamente la sangre se acumula en la vena provocando su hinchazón.

La tromboflebitis provoca el mismo efecto. En este caso, son trombos, o lo que es lo mismo, coágulos, los que dificultan la circulación. Esta situación puede darse, por ejemplo, tras prolongados periodos de reposo en cama.

La tercera causa más probable para la aparición de varices es el embarazo. Por suerte, las varices que aparecen durante el período de gestación son secundarias y tienden a desaparecer entre dos y tres semanas después del parto.

Síntomas
Las manifestaciones clínicas más comunes son:
Pesadez de piernas.
Aparición de varices con venas visibles.
Edema.
Hinchazón.
Aparición de dolor.
Calambres.
Sensación de acorchamiento.
En fases más más avanzadas de la enfermedad pueden aparecer úlceras venosas, dermatitis ocre (oscurecimiento de la piel), o el sangrado en varices complicadas.

Prevención
En la actualidad no existe ninguna medida que ayude a prevenir la aparición de las varices.
No obstante, el director de Cirugía Vascular del Hospital Universitario de Valme destaca que un estilo de vida saludable, realizar ejercicio físico, evitar el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo contribuyen a que, si una persona tiene riesgo de desarrollar varices, éstas estén más controladas.

Tipos
Existen diferentes formas de clasificar las varices. La principal, a nivel médico, es la clasificación CEAP, que establece una graduación de las varices en función de la presentación clínica, de la etiología, de la anatomía de la vena y de la patofisiología de la misma.

A nivel general García León indica que se pueden establecer dos tipos:
Varices superficiales: Es el tipo más frecuente. Conocidas como telangiectasias o arañas vasculares son varices de pequeño tamaño, muy visibles, que suelen causar preocupación. “Este tipo de variz no suelen tener mayor significación patológica y suele ser un problema principalmente estético, no suele provocar problemas en la piel de oscurecimiento o de dermatitis, ulceraciones o flebitis”, añade.

Varices tronculares: Pueden presentar diferentes grados de dilatación y son las varices propiamente dichas: venas dilatadas y que pueden ser más o menos visibles.

Tratamientos
El tratamiento farmacológico de las varices está enfocado a aliviar los síntomas y evitar que el trastorno vaya a más. Algunos fármacos venotónicos que se administran por vía oral resultan eficaces. Los más empleados son Daflón (diosmina), Venosmil (hidrosmina) y Venoruton (oxerutinas), entre otros.

Las plantas medicinales con propiedades venotónicas también pueden ser una opción terapéutica a tener en cuenta. Las más eficaces son castaño de Indias, ruscus, vid roja, ginkgo biloba y hamamelis. Se suelen administrar por vía oral o aplicarse en forma de geles y cremas con efecto frío.

Para aliviar los síntomas, los expertos recomiendan asimismo una serie de medidas:
Utilizar medias de compresión; estas prendas ayudan mecánicamente a impulsar la sangre desde los capilares hasta el corazón, impidiendo que se produzcan estiramientos o heridas. A pesar de la incomodidad que puedan suponer, su uso está especialmente indicado en los meses de verano, ya que con temperaturas superiores a los 25 grados existe riesgo de empeoramiento de los trastornos asociados al retorno venoso.

Evitar la exposición al sol durante largas horas, tumbados y sin moverse, y sobre todo durante las horas de máximo calor, lo que conduciría a un efecto vasodilatador intenso y prolongado.

Aplicar duchas de agua fría en las piernas, haciendo que el chorro impacte en círculos ascendentes.

Evitar permanecer de pie durante mucho tiempo, (especialmente en el caso de personas con antecedentes familiares del mismo tipo).

Utilizar geles de efecto frío mediante masajes suaves en sentido ascendente o con activos venotónicos.

Tumbarse y elevar las piernas por encima de la altura del corazón, tras largos periodos sentados o de pie, y al dormir.

Caminar por la playa y bañarse de vez en cuando, ya que el agua fresca activa la circulación y mejora la sensación de piernas cansadas. En este caso, es necesario ducharse después del baño para retirar la sal, ya que seca la piel, y aplicar crema hidratante.

Evitar el sobrepeso, la obesidad y la vida sedentaria.

No usar ropa demasiado ceñida.

Utilizar zapatos cómodos, prescindiendo en la medida de lo posible de los tacones altos y del calzado plano.

Hidratar la piel a diario.

Utilizar protección solar todo el año, ya que ayuda a reducir la extravasación sanguínea.

También es posible recurrir a la cirugía. Cuando el cirujano opera las varices está actuando sobre la enfermedad ya establecida, sobre la variz que está causando el problema al paciente, pero el organismo puede seguir generando nuevas varices.

Por este motivo, los tratamientos actuales consisten en la eliminación de la variz desde el origen de la misma. Puede ser mediante dos procesos:

Mediante cirugía: El paciente puede tener un tratamiento quirúrgico o recibir la aplicación de calor. Ese calor puede aplicarse mediante la utilización de un catéter con un láser o de un catéter con radiofrecuencia.

Con sustancias químicas: A través de una microespuma que tiene una sustancia esclerosante para eliminar la variz. 

Tratamiento natural
Aloe vera
El cristal de sábila, también conocido como aloe vera, es uno de los mejores ingredientes para tratar efectivamente las várices. Para aprovechar sus propiedades, debes conseguir este cristal y luego entibiarlo para aplicar en compresas sobre las zonas afectadas. Puedes dejar actuar estas compresas toda la noche y retirarlas al día siguiente.

Vinagre, zanahoria y sábila
En una procesadora de alimentos, coloca vinagre de manzana,  zanahoria y cristal de sábila y tritúralos hasta obtener una crema suave. Aplica esta mascarilla sobre las várices y déjala actuar por lo menos 30 minutos. Para retirarla, tienes que usar bastante agua fría.

Ajo
Otro de los ingredientes que no puede faltar en un tratamiento natural para las várices, es el ajo. Este es fundamental ya que ayuda a desinflamar las venas y también mejora la circulación. Puedes consumirlo de forma tradicional con tu dieta o también te recomiendo usarlo como pomada con alcohol. Aplícala 4 veces a la semana.

Vinagre de manzana
Prepara unas efectivas compresas de vinagre de manzana, con un paño que debes mojar con vinagre y poner sobre las várices. Déjalas reposar sobre en la zona, o si prefieres puedes hacerte un suave masaje con el paño, con movimientos de abajo hacia arriba.

Baños de inmersión
Finalmente encontramos un remedio muy sencillo y efectivo. Para prepararlo necesitarás una tina o un balde en el cual puedas sumergir las piernas. Llena de agua el recipiente, agrégale sal marina y una taza completa de vinagre de manzana. Sumerge tus piernas en este agua por 20 minutos mientras las masajeas suavemente.

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